In Memoriam
MANUEL TORREGROZA CASTRO

En la fotografía, aparece el Dr. Manuel
Torregroza C. (izquierda) acompañado de su amigo el
Dr. Clímaco Cassalett D.
Sorpresa y dolor causó la retirada irreversible de
la vida del gran amigo e investigador agrícola de Colombia,
el Dr. Manuel Torregroza Castro.
Las cálidas tierras de Concordia (Magdalena) oyeron su primer llanto de superación por conquistar la vida el 2 de abril de 1926, para luego, después de 78 años, despedirse de ella en la fría planicie de Bogotá el 21 de junio de 2004.
Comenzó estudios de ingeniería agronómica en la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín, en 1945, pero tuvo que retirarse después del primer año por problemas económicos y regresó a Barranquilla, la ciudad que lo vio crecer. Allí tomó un segundo aire y resuelto a hacerse el profesional que había aspirado, se inscribió nuevamente en la Facultad de Agronomía hasta terminar estudios en 1951. Su excelente récord académico le permitió vincularse casi inmediatamente al Ministerio de Agricultura en comisión a la Oficina de Estudios Especiales de la Fundación Rockefeller, con sede en el Centro Nacional de Investigación Agropecuaria (CNIA) Tibaitatá. Para realizar en forma profunda sus investigaciones aumentó su preparación académica logrando obtener sus títulos de Master of Science y Ph.D de las Universidades de Nebraska y Missouri respectivamente.
En el CNIA Tibaitatá permaneció como investigador
genetista de maíz y sorgo en el Instituto Colombiano
Agropecuario (ICA) y la Corporación Colombiana Agropecuaria
(CORPOICA) durante 40 años hasta su retiro de CORPOICA.
Durante su período en ICA ocupó varios cargos
directivos, Director Nacional del Programa de Maíz
y Sorgo, Director del Departamento de Agronomía y Director
de la División de Extensión Agrícola.
Retirado de CORPOICA se convirtió en el asesor científico
de la empresa SYNGENTA.
Trabajó esencialmente en la obtención de variedades mejoradas de maíz para clima frío por medio de selección recurrente y jamás justificó la producción de híbridos para esas zonas frías. Allí comenzó los estudios de prolificidad de mazorcas lo cual le mereció el reconocimiento mundial de pionero en este tipo de investigación. Además, de las variedades de clima frío, participó en la creación de unas variedades ampliamente cultivadas en clima cálido como ICA V 109, ICA V 305 e ICA V 354.
Perteneció al grupo denominado “Maiceros de la Zona Andina“ e hizo parte de los estudios de clasificación de las razas de maíz de Colombia, Argentina, Chile y Paraguay.
Su amor por la enseñanza le mereció el calificativo
de “Maestro” por sus alumnos. Alcanzó a ser nombrado
como profesor Emérito de la Facultad de Agronomía
de la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá,
en donde enseñó durante 28 años. También
fue profesor de fitomejoramiento en la Universidad Pedagógica
y Tecnológica de Colombia (UPTC) con sede en Tunja,
la Universidad de Cundinamarca y la Universidad Distrital
de Ciencias Agropecuarias (UDCA). Publicó más
de 120 artículos de investigación y divulgación
en su especialidad.
Científico recto y transparente que dio el peso justo a sus contradictores. Luchó y buscó sin odio el triunfo de sus ideas y que como recio agricultor, el tirado del arado en el surco de la vida siempre fue hacia delante. Siempre enseñó con el ejemplo de que el fitomejoramiento se hace trabajando en el campo y en franca rebeldía con el de escritorio. Testigos mudos fueron sus famosas botas con las que trajinó por mucho tiempo hasta la hora de su muerte.
Su empeño en la labor de investigador de maíz no fue en busca de la gloria sino por el placer de servir. Sin embargo, el fruto de su quehacer le mereció distinciones y medallas nacionales e internacionales de la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales y Leguminosas (FENALCE), el premio Nacional de Ciencias “Francisco José de Caldas“ del Instituto Colombiano para el desarrollo de la Ciencia y la Tecnología (COLCIENCIAS), mérito agronómico de la Confederación de Ingenieros Agrónomos de Colombia (CIAC), medalla agrícola interamericana del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) y distinción de la Academia Nacional de Agronomía de Argentina.
En este mundo moderno tan lleno de liviandades fue con pureza como hizo una santidad de su hogar el cual honró sin intentar mancharlo.
Su gran amigo y compañero desde el aula universitaria,
Clímaco Cassalett Dávila.
|